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Sesión 17/01/2009

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DaKrom
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MensajeTema: Sesión 17/01/2009   Vie 23 Ene 2009, 12:57

Jugadores:
Juanolo [Myt]
Hor-Dulkar [Hor-Dulkar]
DaKrom [Sêdinel]

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Esta sesión aunque corta dio mucho de sí, hubo de todo.

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Después de mucho tiempo estábamos en un lugar conocido y familiar, un sitio donde descansar sin la necesidad de guardias.

Ya con habitación y los caballos atendidos nos dispusimos a realizar compras. Comida, equipo y otras cosas que cada uno hizo por separado. Nos pasamos el día entero prácticamente de sitio en sitio.
Por la tarde noche, de forma inesperada fuimos visitados (aún por las calles) por una persona conocida, un hombre encorvado y cojo, quien nos invitó a acompañarle. Chabros quería vernos.

Hor-Dulkar no estaba por la labor, prefería evitar aquel encuentro, pero Sêdinel estaba dispuesto a ir. Finalmente los tres: Enano, Humano y Elfo siguieron a quel hombre entre callejuelas nasta un estrecho portal de manera. De nuevo se abrió aquella puerta, y la escalera de altos escalones se elevaba como meses atrás.
La gruesa cortina dio paso a la habitación inundada de humos y fragancias, y tras una amplia mesa se encontraba Chabros, quien hace algún tiempo nos contratara para quitar el cuerno al unicornio.
Le explicamos nuestros avatares, todo lo sufrido y los compañeros que cayeron en tal misión.

Quería contar una vez más con nuestros servicios. Al parecer él pertenece a algún gremio que tiene ciertos intereses en la guerra que al Sur se estaba librando (gremios de los que ya oímos hablar en Ankhapur probablemente).
En el bando enemigo preparaba un ataque contra Ankhapur, y gracias a un espía habían localizado el lugar, y sabido el momento en el cual se entregaría la información con los detalles de tal ataque.
Debíamos encontrarnos con ese espía, y conseguir tal información. Dentro de cinco días un emisario o mensajero haría esa entrega en un campamento al Norte de Saelmur, cerca del bosque ThornWood. No iríamos a caballo pues no había tiempo, seriamos trasladados gracias a la magia.

Pero teníamos un conflicto, vinimos a Riatavin debido a que Maese Hor-Dulkar había sido convocado por algo o algién, y el señor Hor-Dulkar tenía curiosidad por esa reunión.
El sitio al que se debía dirigir estaba a medio día de Riatavin, y haciendo cuentas decidimos que si sólo perdíamos un día tampoco sería demasiado tiempo. Así que partimos.

Tras medio día de viaje, y en el lugar citado, nos hallamos ante una castillo o fortaleza, un emblema metálico en la puerta con la cabeza de un dragón en relieve indicaba la importancia de aquel lugar. El guardia de la puerta nos preguntó nombre y causa de la visita, pero no hizo falta decir nada, al ver el documento que Hor-Dulkar recibió y ahora mostraba el guardia un una leve reverencia nos dio paso.
Nada más atravesar la puerta unos sirvientes se hicieron cargo de las monturas, y rápidamente fuimos atendidos por alguien importante en aquel lugar. Nos llevó al interior de lo que parecía el edificio principal, hasta un amplio salón con una mesa inmensa pertrechada de toda clase de comidas y bebidas. No estábamos solos, aquel inmenso lugar era un enjambre de aventureros, humanos sobre todo.
Frente a la gran mesa una inmensa chimenea daba calor y seguridad, y sobre ella una espada y un arco con lazos negros mostraban la caía de un valiente, probablemente aventurero. En las paredes, cabezas de monstruos, garras, y todo tipo de animales y criaturas nunca vistas servían para decorar y mostrar el poder de aquel que había conseguido abatirlas. Debajo de cada una, una limpia y brillante placa daba los detalles de quién, cuando y dónde había dado muerte a ese animal, criatura o monstruo.

Myt y Sêdinel se quedaron en aquel salón, disfrutando de los manjares y la compañía, el elfo intercambiaba impresiones y anécdotas con otros comensales con un muslo de pollo en una mano y una jarra de buen vino en la otra. Myt... bueno..., creo que flirteaba con una humana, ambos parecían bastante animados y fogosos, la verdad es que tras verlos beber durante un rato ya no los vi más.
Mientras, Hor-Dulkar mantenía una reunión privada... y cada uno a su bola.

[Sêdinel]
Sobre las tres de la madrugada decidí irme a mi habitación a pesar de que aún en inferior número permanecía la sala lleva de animación.
El lugar era grande, amplio a pesar de los robustos muebles de calidad que habían. Gustosamente decorado por cuadros y trofeos de caza, pero caza de monstruos, no se trataba de cierbos, lobos o comadrejas, eran bestias feroces y peligrosas, enormes en muchos casos, incluso en el salón que abandoné unos minutos atrás había un contemplador en perfecto estado decorando una de las paredes.
A pocas horas de haberme acostado, muy temprano, fui despertado por unos golpes en la puerta, se trataba de Hol-Dulkar, quería que me vistiera para reunirme con él fuera en el pasillo.
Rápidamente me puse la ropa y salí tal como me pidió, un hombre robusto estaba con él, y comenzamos a seguirle.
Por el pasillo, y a través de una de las puertas entreabiertas, me pareció ver a Myt, sobre la cama, desnudo, y todo tirado por los suelos... y continué siguiendo a aquel humano que conducía a Hor-Dulkar por pasillos y recovecos hasta una habitación con una camilla en el centro.
Yo no entendía nada, pero pareciendo todo tan solemne me limité a mirar y a prestar atención, y cuando vi que nuestro compañero se tumbaba bocabajo y otro humano alto y delgado comenzaba a preparar unas agujas me dispuse a hacer unos dibujos.

Tras lo que me pareció algo más de veinte minutos habían acabado.
Aquel hombre había tatuado en la espalda de Hor-Dulkar el mismo dragón que guardaba la puerta a la entrada de aquella fortaleza, una cabeza de dragón que llegaba de hombro a hombro del enano, un tatuaje impresionante.
El enano se incorporó satisfecho, y le felicité por tal tatuaje. (Aguantó el dolor con estoica fuerza enana pues las punzadas eran fuertes y dolorosas.)
[Sêdinel]


Partimos esa misma tarde, en cuanto apareció Myt con apariencia cansada y algo pensativo. Un desayuno de héroes fue más que de agradecer a aquellos que nos habían dado algo más que una bienvenida.

Fue extraño, pues estando ya Hor-Dulkar y Sêdinel fuera en la puerta apareció Myt con caballo (cuando antes no lo tenía), al perecer también vendían caballos con lo difíciles que son de conseguir en estos tiempos que corren de guerra. Bueno, la cosa es que nos pusimos en camino hacia Riatavin, llegando en la noche del segundo día que partimos. Las puertas cerradas se abrieron al identificarnos y descansamos hasta la mañana siguiente ya del tercer día contando con la llegada del informador al emplazamiento enemigo.

Muy de temprano nos dirigimos hasta la casa de Chabros, quien mediante artes mágicas nos trasladó al lugar de encuentro con el espía, y allí nos encontramos con Sairus, apariencia del cual nos sorprendimos un primer momento pues no esperábamos a alguien así. Muy amable nos ofreció comida, sólo Sêdinel comió por no ser descortés, aunque luego tomó de la propia. Fuimos informados del asentamiento, el lugar, la distribución, torres de vigilancia, número de soldados, oficiales, quedando sólo ver la manera de penetrar. Así transcurrió ese día, y el siguiente pues no nos poníamos de acuerdo.
Al quinto día, un cuervo gigante, montura de un humanoide (pues no veíamos con precisión), llegó al lugar. Myt estaba como en trance, concentrado... no sé, la cosa es que tanto Enano como Elfo se fueron aproximando, a rastras tras llenarse de fango para mimetizarse con el terreno, pues más de cien metros de barro los separaba del objetivo.

La suerte jugó en contra del Elfo, quien recibió un disparo de algo que no era una flecha, el dolor era ardiente, y rápidamente se dio la voz de alarma. Salieron unos soldados que se aproximaron a él, dando tiempo para ocultar las armas entre el tedioso barro y tomarse una poción que lo transformó en humano.

-¿Quien eres?, ¿Qué haces aquí?- Le gritaron los soldados, quienes a penas dieron tiempo para responder, lo cogieron y se lo llevaron...




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